El estribo en el delta

27-04-2007 | Rock Local | Anoche otro jueves de rock en la cerveceria

El estribo en el delta

Y este otoño que lo vivimos como invierno. ¿Por qué quería aquel poeta que fuera otoño? Que fuera otoño. Que fuera otoño y que haga frío. Que haga frío y que recién te despiertes. Que fueran las 22:45. Que fueran las 22:45 y que esa noche toque el estribo. Que toque el estribo en el Delta y que apenas hayas comido un sanguche de salame. Que haga frío, y que toque el estribo. Y que tu día haya sido el más largo. Que hayas caminado más de lo suficiente. Que hayas leído el libro de Cicco remarcado en dos míseros pesos antes de poder pegar un ojo a las 20:30. y que haga frío. Pero por sobre todas las cosas que toque el estribo.
En fin: otoño, el Delta y el estribo. ¿Por qué tendría ser de otra manera? O ¿para qué?
Recuerdo extrañado una tarde de otoño, no ocurrió hace más de un año (para rara rara ra ra raaa: “anclado en la ciudad de Olavarría entre prohibición y permiso (el rock de los puentes) surge la posibilidad de presenciar un "ensayo" de El Estribo, y ahí voy, medio mareado por la posibilidad y por las reticencias que genero pero que aun así se dejan de lado permitiendo mi presencia. Hay una distancia entre nosotros y se hace notar desde el vamos, pero no importa: ellos van a tocar, y yo voy a dejarme llevar por lo que toquen. Como para que las cosas se vayan diluyendo, un poco de alcohol no le viene mal a nadie. Escucho sus canciones de rock que delinean un paisaje propio de lo que a esta generación nos pasa, la música no esta para nada impostada, cada uno toca lo que quiere en función de la música, y la química que logran es perfecta. Un tractor que desfila tema a tema: su potente grito de hartazgo. La guitarra de Juan se desata entre tema y tema y lo único que hace es gritar, grita con la guitarra, no la toca más para que el sonido se extinga, no hay otro motivo: la cosa cada vez esta peor, lo sentimos todos y ahí se desata en esa strato. La armónica de Linder entra y sale pero de a temas, se queda construyendo melodías de los paisajes que se construyen y no hay nada que sobre, nunca sobra. Todo en su medida justa se distribuye en la construcción de los temas. Y además del rock and roll que se expande desde la guitarra de Juan, el pez rockea a fuerza de riffs como un Lou Reed olavarriense que describe con acordes y sentencias lo que a cada paso observa, el pez formaliza canciones en cuanto puede. No hay nada que no pueda transmitirse. Los temas matan, la base de bajo es precisa y se copa cada tanto agregando climas, pero sin sobrecargar nada. la batería por su parte, desde un desenfreno controlado. Y los temas los tocan uno a otro, sin consultarse nada, así durante dos horas.” Fin de recuerdo)
Si algo certifico es que no soy de lo mejor para elegir mesas. De todas formas no importa. Hasta que alguien se acerca y me pregunta: “-¿usted es escritor, periodista o algo así?” “– algo así, o mejor dicho -digo- pierdo tiempo en tinta” “- ¿cómo?” “-escribo lo que se me ocurre” el curioso sale disparado hacia otra parte del bar.
“Buenas noche, sabemos que hace frío”- dice el pez antes de empezar. La banda en cuarteto, con dos guitarras, bajo y batería, -ya sin armónica como en el recuerdo- gana solidez en el rock, lo hace más áspero en concreto. La sucesión de lo que pasa en materia temas va generando el clima. “Ausente, es no estar, no hay lugar donde buscar” Dice describiendo una situación de la cotidianeidad esquiva que de a poco se moviliza. La ausencia de escena, de lugares, de bandas que no giran sobrevuela la cabeza de quien escribe mientras escucha. –Me adelanto y les cuento que tras el show, Mauro me dice que el 5 tocan en Chango, que al parecer abre las puertas a las bandas. Joya!, Otro lugar más. De a poquito las cosas se van dando, así como los temas sucediendo. Vivir; maldita madrugada y masticando bronca. El rock es la música de fondo cuando mastico bronca, o mejor, cuando mastico bronca, no hay más que rock en todo eso. Imagínense divagando en cambio, en opresión y solución de situaciones cotidianas. ¿se puede estar en esa situación escuchando Arjona? Puede que sí, pero por lo menos esta gente que la vive desde el rock, no. No porque hay mucha ira, desenfado, y se termina con la voz ronca como nos cuenta el pez. Cuando mastican bronca hacen canciones, cuando hacen rock la destilan. Cuando este tipo de gente camina por la calle canta canciones. ¿Quiénes se creen estos rockeros? Que critican desde lo cotidiano, a dónde van con tanta destrucción a todos lados. Criticones, los llaman algunos. Otros no se detienen en lo que no les compete y dejan hacer (let it be). En fin, hay un break, van vuelven. Cambio de mesa, hablo con el padre de Nicolas, el bajista, pero no le pregunto el nombre. Me cuenta que ahí en el delta antes había una frutería muy grande, se pregunta si será del mismo dueño. Le cuento que no, que esta es una subfranquicia de una cervecería de Mar del Plata (Antares) y entre todo eso la banda que vuelve. Están en llamas, el rock a cada paso se hace más aguerrido y la gente no puede evadirlo. Perdón por los nombres, pero cuando siento no pienso, y cuando nombro me detengo. Hay un loco que esta aporreando una mesa a mas no poder siguiendo el ritmo que construyen el bajo y la batería. La moza se acerca sigilosa y quita el vaso en peligro de extinción por los sismos del huracán Fabián (el pez lo presenta como un nuevo integrante, en la percusión, claro). En fin, terminando y el fuego al rojo vivo en una noche fría más en la ciudad del asfalto, la banda se retira y con ellos la gente que queda. ¿Qué queda? De vuelta a casa por una papas fritas, el frío, el otoño, la noche que se retira y todo el día de mañana.

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